sábado, 29 de septiembre de 2007

IMAGO MUNDI / TALLER DE POESÍA

De izq. a der: Julieta Montenegro, Oscar Morfes, Beatriz Calcaño,
Héctor Vera, Yen Martínez, Mharía Vázquez Benarroch, Leonardo
González Alcalá y Dayana Fraile.





Fotos de : Iván Maiza Gerendas


En Abril de este año, comenzamos la aventura de navegar por las palabras y descubrir
el alfabeto del mundo. Emily Dickinson, Patricia Guzmán, William Blake, Rafael Cadenas,
Juan Sánchez Peláez, Margara Russotto, Konstantin Kavafis, Rainer María Rilke, Hanni
Ossot, Judit Gerendas Kiss, Victoria Benarroch, Cecilia Ortiz, Allen Ginsberg, y muchos
más, juntos y revueltos, dieron vida a la poesía, la crítica literaria y toda la vorágine de la literatura. Ahora nos acercamos al fin del Taller y un próximo recital nos espera... es el
turno del alma.
Mh. Caracas, Octubre 2007.

viernes, 28 de septiembre de 2007

SUSANA RINALDI / TANGO UNO

FERREIRA GULLAR / POEMA



Poema sucio

No tiene la misma velocidad el domingo
que el viernes con sus compras
ajetreadas
aumentando el tráfico y el consumo
de jugo de caña helado,
ni tiene
la misma velocidad
la azucena y la marea
con su ejército de burbujas y ardientes carabelas
penetrando sombrías en el río
en otra lentitud que la del crepúsculo
que, en lo alto,
con su gran engranaje averiado
molía la luz.
Otra velocidad
tiene Bizuza sentada en el piso del cuarto
doblando las sábanas lavadas y
planchadas,
arreglándolas en el cajón de la
cómoda, como
si la vida fuese eterna.
Y era
en ese su universo de almuerzo y
condimentos
de hojas de laurel y de pimienta
negra
mastuerzo para la tos rebelde,
universo
de ollas y cansancios entre las paredes de la cocina
dentro de un gastado vestido de
percal,
en fin,
donde latía su pequeñito corazón.
Y si no era
eterna la vida, dentro y fuera del armario,
lo cierto es que
teniendo cada cosa su velocidad
(la de la chancaca
oscura, clara
la del agua
que se derrama)
cada cosa se alejaba
desigualmente
de su posible eternidad.
O
si se quiere
desigualmente
la tejía
en su propia carne oscura o clara
en su transcurrir más profundo que el de la semana.
Por eso no es cierto decir
que es en domingo cuando mejor se ve
la ciudad
-las fachadas de azulejos, la Calle del Sol vacía
las ventanas trancadas en el silencio
cuando ella
parada
parece fluctuar.

Y que mejor se ve una ciudad
cuando -como Alcántara-
todos los habitantes se fueron
y nada resta de ellos (ni siquiera
un espejo del aparador en uno de aquellos
aposentos sin techo) -sino
entre las ruinas
la persistente certeza de que
en ese suelo
donde ahora crecen cardos
ellos efectivamente danzaron
(y casi se escuchan voces
y carcajadas
que se encienden y se apagan en los pliegues de la brisa)
Pero
si es espantoso pensar
como tanta cosa desapareció, tantos
guardarropas y camas y mucamas
tantas y tantas faldas, enaguas,
zapatos de los más variados modelos
arrastrados por el aire junto con las nubes,
a eso
responde la mañana
que
con sus muchas y azules velocidades
sigue adelante
alegre y sin memoria.
Lo que hablan en la cocina
o en el balcón de la casona
(en la Calle del Sol)
salía por las ventanas
se escuchaba en los bajos
en la casa vecina, en los fondos de la Mueblería
(y vaya uno a saber
qué de cosas se hablan en una ciudad
cuantas voces
resbalan por ese intrincado laberinto
las paredes y cuartos y zaguanes,
de baños, de patios, de huertas,
voces
entre muros y plantas, risas
que duran un segundo y se apagan)

Y son cosas vivas las palabras
y vibran con la alegría del cuerpo que las gritó
tienen incluso su perfume, el gusto
de carne
que nunca se entrega realmente
ni siquiera en la cama
sino a sí misma
a su propio vértigo
o así
hablando
o riendo
en el ambiente familiar
tu puedes oir y ver
desde tu hueco
cómo esas voces golpean en las paredes del patio vacío
en la armazón del hierro donde se seca una parra
entre alambres
de tarde
en la pequeña ciudad latinoamericana.
Y hay en ellas
una iluminación mortal
que es de la boca
en cualquier tiempo
pero que allí
en nuestra casa entre muebles baratos
y ninguna dignidad especial
minaba la propia existencia.

Reíamos, es cierto,
en torno a la mesa de cumpleaños cubierta de pastillas
de menta envueltas en papeles de seda coloridos reíamos, sí,
pero
era como si ningún afecto valiera
como si no tuviese sentido reír
en una ciudad tan pequeña

El hombre está en la ciudad
como una cosa está en otra
y la ciudad está en el hombre
que está en otra ciudad

más variados son los modos
como una cosa
está en otra cosa:
el hombre, por ejemplo, no está en la ciudad
como un árbol está
en cualquier otra
ni como un árbol
está en cualquiera de sus hojas
(incluso rodando lejos de él)
El hombre no está en la ciudad
como un árbol está en un libro
cuando un viento allí lo hojea

la ciudad está en el hombre
no de la misma manera
que un pájaro está en un árbol
no de la misma manera que un pájaro
(la imagen de él)
esta/ba en el agua
y ni de la misma manera
que el susto del pájaro
está en el pájaro que yo escribo

la ciudad está en el hombre
casi como el árbol vuela
en el pájaro que lo deja

cada cosa está en otra
de su propia manera
y de manera distinta
de como está en sí misma

la ciudad no está en el hombre
del mismo modo que en sus
bodegas plazas y calles

Buenos Aires, 1975, fragmento.

ADHELY RIVERO / POEMAS


Número de suerte

Me puedo quedar la noche pensando
y sacrificar la tristeza del día.
Todos estos años le he pedido a Dios
muchos años
para contar la experiencia de la vida que tienen
los hombres viejos.
Uno se levanta a diario
sobre la luz del amanecer, sale al trabajo,
se sienta como un jefe a esperar las dificultades
que traen los otros.
Habla con sabiduría, delante de una biblioteca
de la poesía contemporánea del mundo,
recuerda un verso, un buen verso, y salva
la jornada.
Hay días difíciles para el alma,
nos recogemos para que el sueño
revele un número de suerte.

Mudanza

De abajo veníamos siguiendo la luz de unas hojas verdes.
Era invierno en los ríos. Empezaba a subir la corriente.
El pueblo se reconocía en una sola casa que aspiraba
el horizonte.
Yo no tuve grandes enseres que mudar, iba escotero
con los ojos inmensos como techo de cielo.
Llegando se sienten los colores
y uno los reúne en el temblor de la sangre.
Mi casa se quedó en la planicie ancha del universo.
Mi caballo se quedó en la doma del vaquero
que me cuida las reses en la sabana.
De repente dejé el pensamiento,
al garete rozaba el parabrisas.
Entraba a las carreteras. Largas cuerdas tendidas
hacia algún lugar.
Esta ciudad es muy grande. No es un pueblo.
En esta ciudad no hay caballos, ni vacas, ni toros.
Tendrá un río. Una plaza, una gallera y un cine.
Pero no es un pueblo.

En el cielo de Bagdad

A Caupolicán Ovalles

La luna en Irak no se puede ver
lastima la cara del nativo
que ha visto caer bombas todo el año.
De noche al lado de la luna llena
caen Racimos,
terminando por creer que una bomba se quedó
pegada al firmamento.
Lo mismo ocurre con una sirena letal
que socava los refugios.
Ni los ángeles están seguros en el cielo.
el día que Caupolicán visitó Bagdad,
Les llevó el humor y perdieron la paciencia,
todos lo besaban y él sospechaba y se reía.
Hoy nadie duda de la valentía de los hombres
y de los pájaros que se desgranan en el aire.
Cuando termine la pesadilla, dormirán eternamente
en las arenas del desierto
y podremos ver la luna llena en el cielo.


Adhely Rivero Arismendi, Estado Barinas , 1954.
Poeta, editor y promotor cultural. Desde hace años está residenciado en Valencia. Es Licenciado en Lengua y Literatura por la Universidad de Carabobo. Se desempeña como Jefe del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la Universidad de Carabobo, director de la revista
POESIA. Es Premio de Poesía Facultad de Ciencias de la Educación. Premio de Poesía "Cecilio Chio Zubillaga" de Carora, Premio Universidad de Carabobo, Premio Universidad Rómulo Gallegos, Premio Único de Poesía "40 Aniversario de la Reapertura de la Universidad de Carabobo". Es autor de los Poemarios: 15 poemas, 1984; En sol de sed, 1990; Los poemas de Arismendi, 2006; Tierras de Gadín, 1999; Los poemas del viejo, 2002; Antología Poética, 2003; Medio Siglo y la Vida Entera, en imprenta.

jueves, 27 de septiembre de 2007

OLGA OROZCO / POEMA



EL SELLO PERSONAL

Estos son mis dos pies, mi error de nacimiento,
mi condena visible a volver a caer una vez más bajo las implacables ruedas del zodíaco,
si no logran volar.
No son bases del templo ni piedras del hogar.
Apenas si dos pies, anfibios, enigmáticos,
remotos como dos serafines mutilados por la desgarradura del camino.
Son mis pies para el paso,
paso a paso sobre todos los muertos,
remontando la muerte con punta y con talón,
cautivos en la jaula de esta noche que debo atravesar y corre junto a mí.
Pies sobre brasas, pies sobre cuchillos,
marcados por el hierro de los diez mandamientos:
dos mártires anónimos tenaces en partir,
dispuestos a golpear en las cerradas puertas del planeta
y a dejar su señal de polvo y obediencia como una huella más,
apenas descifrable entre los remolinos que barren el umbral.
Pies dueños de la tierra,
pies de horizonte que huye,
pulidos como joyas al aliento del sol y al roce del guijarro:
dos pródigos radiantes royendo mi porvenir en los huesos del presente,
dispersando al pasar los rastros de ese reino prometido
que cambia de lugar y se escurre debajo de la hierba a medida que avanzo.
¡Qué instrumentos inaptos para salir y para entrar!
Y ninguna evidencia, ningún sello de predestinación bajo mis pies,
después de tantos viajes a la misma frontera.
Nada más que este abismo entre los dos,
esta ausencia inminente que me arrebata siempre hacia delante,
y este soplo de encuentro y desencuentro sobre cada pisada.
¡Condición prodigiosa y miserable!
He caído en la trampa de estos pies
como un rehén del cielo o del infierno que se interroga en vano por su especie,
que no entiende ni sus huesos ni su piel,
ni esta perseverancia de coleóptero solo,
ni este tam-tam con que se le convoca a un eterno retorno.
¿Y adónde va este ser inmenso, legendario, increíble,
que despliega su vivo laberinto como una pesadilla,
aquí, todavía de pie,
sobre dos fugitivos delirios de la espuma, debajo del diluvio?

ELISA LERNER / ASÍ QUE PASEN CIEN AÑOS



Así que pasen cien años

En esta crónica del siglo, Elisa Lerner, siempre
con esa fina agudeza para el detalle, describe
las transformaciones del país, desde la oscura época
del gomecismo, hasta las turbulencias de las últimas
décadas. Aquí algunos fragmentos que sirven
de entrada, a la espera del primer plato

"(…) Promediando los años cincuenta se dio término a esa tribulación que era el comedor de una familia venezolana, casi toda de pie frente a la mesa, al igual que si se tratara de una barra, pero de ningún modo española, alegre y bulliciosa. La familia pobre, mas de larga dignidad, que era nuestra clase media, comía por callados turnos escuetas raciones de pabellón criollo y repetidas tazas de guarapo, donde al fondo de las tazas de losa dormían las rabias rojas de un agobiante calor tropical ignorante, todavía, de las convenientes caricias refrigeradas del aire acondicionado. La entrada a nuestros comedores de famélicos en ocasiones fue precedida por un secreto pudoroso de casi bonitas romanillas para ocultar un hambre orgullosa. Humildes recepciones, si es que podría llamárselas así, las de los cuarenta, donde como trae a colación con compasión algo burlona Rodolfo Izaguirre en su novela Alacranes, entre los invitados se repartía un poco de ensalada de gallina, a la que curiosamente se le llamaba ensalada rusa para darle, a tan poca cosa, roce feliz de aristocracia rusa acomodando su destierro en algún hotelito de la Costa Azul, y seguido lo pseudo ruso del postre consistente en una precaria gelatina (a su favor tiene la fama que luego le ha dado la culinaria hospitalaria), una pizca de quesillo y un triste final de torta casera con ropaje nevado, hechura cariñosa de alguien no muy experto. Porque lo de la ensalada rusa para dar nombre a nuestras modestísimas raciones de ensalada de gallina de los años cuarenta, sólo es precedente verbal de las mentirosas ilusiones que los venezolanos albergan en medio de circunstancias nada favorables. Cuarenta o cincuenta años después, en nuestros barrios de la miseria y del peligro, Jacquelines y Darlings, niñas con nombres de herederas norteamericanas, mal viven o pueden morir de un momento a otro, acosadas por el fuego pistolero de las bandas. (…)

Durante las primeras épocas, el whisky fue regalo y solaz para esa oligarquía. Años después, con el bipartidismo y una moneda llena de gracia, el whisky fue la magna y nunca confesada ilusión de la más igualitaria de las felicidades. El "Etiqueta Negra" a precios que se acomodaban a todos los bolsillos, más que la de un preciado escocés fue, por excelencia, la marca ideológica de nuestra democracia y, mientras se retozó paritariamente (parasitariamente) a base de una botella de "Etiqueta" o de "White Label", se olvidaron antiguos mal humores que venían desde la Guerra Federal o desde cualquier nunca aclarado laberinto del mestizaje. Robustos o menos robustos, todos joviales, sonrieron con algo de la sonrisa luminosa de aquel derrocado presidente que, en lo personal, con fiestas del whisky, intentó aligerar las últimas señales de lo que restaba del autoritarismo gomecista. (…)

Con toda justicia Singer ha debido ser el apellido de muchas madres venezolanas que le dieron pan y sostén a sus hijos agarradas al cuerpo casi conyugal de sus máquinas de coser. Sucedería de tal modo en los treinta y en los cuarenta. Mujeres solas, porque los hombres desaparecieron del hogar en los desarreglos íntimos de la apatía y de una sobrecogedora misoginia nacional que tiene su parangón máximo en nuestro Benemérito. No en vano corre sobre él mismo esa aterradora anécdota, relacionada con el final de una noche de amor y que no querrá concluir al lado de la amante a objeto de impedir que, en medio de la última ternura nocturna, pueda filtrarse alguno de los secretos del poder. Historia que García Márquez recoge en El otoño del patriarca. (…)

En este ir y venir volvemos a los cincuenta, cuando el país fue dirigido por un pequeño déspota imperioso, de formación militar. Decía gobernar a nombre del ejército, pero su vocación verdadera era la de maestro de obras. Por encima de todo, su religión era el cemento. Lo que sucedió es que ese cemento enorme en que se convirtió el país, de crónica manera, se ensangrentó con sangre de venezolanos. En tanto, empezaron a aparecer constructores italianos: bajos, fornidos, de ojos verdes, de endiablado talante comercial. Se parecían tremendamente a Raf Vallone. Taciturnos, comían a todo meter pasta mediterránea en pensiones italianas improvisadas en las cercanías de Sabana Grande, y querían triunfar porque las militantes ilusiones hacia el Fascio, finalmente, los había llevado a la nada esperanzadora derrota en una guerra mundial. (…)

Durante los felices años del medinismo, habría de iniciarse o de acrecentarse la fortuna de otra camada de venezolanos, inteligentes y sensibles, convertidos en importadores estratégicos o en embelesados urbanistas. Los años de la honradez extrema, ojo, aún no estaban por terminar del todo. Pero en cierto momento ya no se dice que la pobreza es decente. Aunque estábamos lejos de las reglas económicas de los noventa cuando es usual la frase: "billete mata galán". Y para entonces no tardarán en ponerse de moda los titanes del trabajo exitoso. Ya en los cincuenta entre esos hombres de éxito que comienzan a disputarse el favor del gran público, estaba el joven Renny Ottolina. Renny en la televisión era una figura urbana nueva, educada, caballerosa, dotada de una voz poderosa y que con atemperada gracia nos hablaba de cosas banales y amables. En el país silenciado a la fuerza, regañado anualmente por el inclemente discurso que giraba en torno a un monocorde destino encementado, la voz de Renny pareció, de ahí su enorme éxito, un adiós a la ruralidad, a la zafiedad y mala educación de los tantos hombres elementales que, en mala hora, habían dirigido nuestros destinos".

Elisa Lerner

martes, 25 de septiembre de 2007

MARGUERITE YOURCENAR


"La dicha es una obra de arte: el menor error la quebranta,
el menor titubeo la altera, la menor pesadez la desluce, la menor tontería la embrutece"

MIYÓ VESTRINI / POEMA


Zanahoria rallada

El primer suicidio es único.
Siempre te preguntan si fue un accidente
o un firme propósito de morir.
Te pasan un tubo por la nariz,
con fuerza,
para que duela
y aprendas a no perturbar al prójimo.
Cuando comienzas a explicar que
la-muerte-en-realidad-te parecía-la-única-salida
o que lo haces
para-joder-a-tu-marido-y-a-tu-familia,
ya te han dado la espalda
y están mirando el tubo transparente
por el que desfila tu última cena.
Apuestan si son fideos o arroz chino.
El médico de guardia se muestra intransigente:
es zanahoria rallada.
Asco, dice la enfermera bembona.
Me despacharon furiosos,
porque ninguno ganó la apuesta.
El suero bajó aprisa
y en diez minutos,
ya estaba de vuelta a casa.
No hubo espacio donde llorar,
ni tiempo para sentir frío y temor.
La gente no se ocupa de la muerte por exceso de amor.
Cosas de niños,
dicen,
como si los niños se suicidaran a diario.
Busqué a Hammett en la página precisa:
nunca diré una palabra sobre tu vida
en ningún libro,
si puedo evitarlo.

De: Miyó Vestrini / Valiente ciudadano, 1994

MARIA CALLAS / MADAME BUTTERFLY

ANA ENRIQUETA TERÁN / POEMA



Este es vuestro árbol. Así era. Así es.
Pájaros tejen en su aliento coronas de éxtasis.
Brisas aseguran siseos para el acecho del halcón.
Aires enhebran pálidos huevecillos de miedo.
Ella se oculta en propia cueva donde permanece niña.
Allí rememora encajes, participaciones y requerimientos maternos.
Luego vuelve a su estatura de anciana
cuya sombra se funde en perspectivas de soledad y de nieblas.

Así era. Así es. Libro de Jajó

MI PADRE EL INMIGRANTE / VICENTE GERBASI


FOTO: Enrique Hernández D´Jesús



XV

Sí, la noche sostenida en las grandes hojas espesas,
en las lianas que bajan hasta las aguas negras,
como lentas serpientes encantadas por los brujos,
en los brillos que huyen como soplos azules,
dando un temblor fugaz a las ocultas flores,
te dio el secreto antiguo de mi ardorosa tierra.
Tocaste las raíces, las piedras y las frutas,
abrazando los árboles, corriste por pantanos,
penetraste en las cuevas, heriste el armadillo,
que semeja un cruzado de bruñidas corazas,
perdido en las penumbras de la selva y el río.
Viste las madrugadas de las lluvias calientes
y oíste el murmurar de árboles y animales,
ese reclamo eterno de la tierra en la noche
que a veces llora y grita y ronca en la pantera.
Y viste el estallido de las grandes semillas,
y el nacer de la hoja y el abrir de la flor.
Y hablaste, circundado por venados atónitos:
“¡Ampárame, oh tierra maravillosa!
Yo me estaré contigo adorando tus peñas
que en las penumbras tienen rostros de nuevos dioses.
Yo vengo de los puertos, de las casas oscuras,
donde el viento de enero destruye niños pobres,
donde el pan ha dejado de ser pan para los hombres.
Yo vengo de la guerra, del llanto y de la cruz.
¡Ampárame, oh tierra maravillosa!”


(De *Mi padre, el inmigrante*, 1945).

lunes, 24 de septiembre de 2007

PAUL CELAN / POEMA


Leche negra del alba te bebemos de noche
Te bebemos al mediodía la muerte es un maestro de Alemania
Te bebemos de tarde y de mañana bebemos y bebemos
La muerte es un maestro de Alemania su ojo es azul
Te dispara con bala de plomo te dispara certero
Un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarete
Azuza sus perros contra nosotros nos regala una tumba en el aire
Juega con las serpientes y sueña la muerte es un Maestro de
Alemania
Tu cabello de oro Margarete
Tu cabello de ceniza Shulamith

MARCEL MARCEAU POUR LES TEMPS

MARCEL MARCEAU / ADIEU LE SILENCE



Con su rostro pintado de blanco, sus zapatos blandos y un sombrero maltrecho coronado con una flor roja, abarcó toda la gama de las emociones humanas en el escenario durante más de 50 años, sin pronunciar palabra.

Fuera del escenario, sin embargo, se definió a sí mismo como un parlanchín sin remedio. "Nunca hagas hablar a un mimo. No se detendrá", dijo alguna vez.

Marceau, judío francés, sobrevivió a la invasión de los nazis y trabajó también con la resistencia en Francia para proteger a los niños de su religión. Su mayor inspiración fue Charlie Chaplin. Marceau, por su parte, influyó en el trabajo de innumerables artistas --Michael Jackson tomó su famoso paso de baile, conocido como 'Moonwalk' de un número de Marceau, 'Caminata contra el Viento".

Marceau actuó incansablemente por todo el mundo hasta una edad avanzada, sin perder su agilidad jamás y sin salirse de su estilo.

En uno de sus actos más punzantes y cargados de filosofía: "Juventud, Madurez, Vejez y Muerte", mostraba sin palabras el paso de toda una vida en cuestión de minutos. "Acaso los momentos más conmovedores de nuestra vida no nos encuentran sin palabras", declaró en una ocasión.

Marceau nació el 22 de marzo de 1923, con el nombre de Marcel Mangel, en Estrasburgo. Su padre, Charles, un carnicero que cantaba con la tesitura de barítono, hizo que su hijo conociera el mundo de la música y el teatro desde temprana edad.

El chico adoraba a las estrellas del cine mudo de la época: Chaplin, Buster Keaton y los Hermanos Marx. Cuando los alemanes invadieron el este de Francia, Marceau y su familia tuvieron que empacar sus bienes en cuestión de horas. Huyó al suroeste de Francia, donde se cambió el apellido a Marceau, para ocultar su origen judío.

Con su hermano Alain, Marceau participó en la resistencia francesa, alterando carnets de identidad de varios niños, cambiando las fechas de nacimiento, para que los alemanes pensaran que no podían deportarlos por ser muy pequeños.

Dado que hablaba inglés, fue reclutado como agente de enlace con el Ejército del general George S. Patton. En 1944, el padre de Marceau fue enviado al campo de exterminio de Auschwitz, donde falleció, y el mismo mimo padeció las bondades atroces de Auschwitz-Birkenau, llegando a decir, que su vocación de silencio le venía de un corazón silencioso ante la impotencia de las palabras ante tanto horror.

Con su muerte, el silencio pierde gran parte de su significado.


martes, 18 de septiembre de 2007

lunes, 17 de septiembre de 2007

TRINIDAD DE BOLEROS

AURA Y ALDEMARO ROMERO /QUIÉN / ASTOR PIAZOLLA AWARDS

ALDEMARO ROMERO

Tu presencia me llenó tan de repente, que me hiciste que creyera en el amor...

ADIOS MAESTRO ALDEMARO ROMERO






No hay palabras para despedir a alguien tan querido, a quien nos llenó la adolescencia y los años universitarios de alegría y buena música. Ese hombre noble, músico de estatura internacional, que no sintió nunca verguenza de trabajar en cabarets y clubes antes de arrastrarse por una beca de gobierno. Indomable, contestario, libertario, generoso, siempre amigo, y aunque no te gustaba que te llamaramos así MAESTRO, con todas las mayúsculas, no te vas, te quedas para siempre en nuestros corazones.
Ahí estarás, tocándole a los ángeles un "pajarillo aldemaroso" y haciendo sonreir a Pavarotti "De repente".

lunes, 10 de septiembre de 2007

LA BALADA DEL BAJISTA / JUDIT GERENDAS KISS


Judit Gerendas combina en su narrativa una agudeza, potencia e ironía que van de la mano con la limpieza y sutileza de su estilo, como bien dice en una entrevista José Antonio Parra, en la ciber revista Kalathos.

Hoy quiero recomendar su extraordinaria novela sobre el teatro y la vida LA BALADA DEL BAJISTA, editada por Monte Avila Editores este año.


Esta novela, que personalmente creo es la gran novela sobre Caracas, que estábamos esperando, se merece más que estas pocas y admirativas líneas...mientras llega mi nota, esa más extensa que se merece este gran libro, busquen la BALADA y dénse el banquete que se perdieron con la ganadora del Premio Rómulo Gallegos de este año, porque el tren de la Poniatowska pasa sin pena ni gloria, en cambio esta Balada conmueve el corazón del lector que se acerca a su canto.

jueves, 6 de septiembre de 2007

LUCIANO PAVAROTTI / IN MEMORIAM

Un nuevo ángel canta, Dios llora por los hombres que nunca más volveremos a verlo...adio carissimo, te voglio bene assai.

martes, 4 de septiembre de 2007

ROBERTO FERNANDEZ RETAMAR / POEMA



LOS FEOS
..........................

A Alejo Carpentier

La mano o el ojo inmortal
Que hizo el cielo estrellado, esta bahía,
Este restorán, esta mesa
(Y hasta hizo el tigre de Blake),
También la hizo a ella, y la hizo fea.

Algo en los ojos, en la nariz,
En la boca un poco demasiado pequeña,
O en la frente interrumpida antes de tiempo
Por cabellos de color confuso;
Algo insalvable para siempre,
Que resiste al creyón de labios y al polvo,
Hace que esta noche, junto a la bahía,
En el restorán El Templete,
Esta noche de suave brisa marina
Y vino tinto y amistad,
Ella esté sola en una mesa,
Mirando quizá en el plato de sopa
La imagen movediza de su cara,
De su cara de fea, que hace vacilar
El orden de todo el universo,
Hasta que llega un hombre feo
Y se sienta a su mesa.

lunes, 3 de septiembre de 2007

WISLAWA SZYMBORSKA ENTREVISTA


Wislawa Szymborska
Entrevista a una Premio Nobel
Por Félix Romeo

Wislawa Szymborska (Kornik, 1923) vive en un departamento en Cracovia y trabaja todos los días en sus poemas. Se le concedió el Premio Nobel, al que entre risas llama "la catástrofe", en 1996.

En España se acaba de distribuir una antología muy amplia de sus poemas, Poesía no completa (FCE), en traducción de Abel A. Murcia Soriano y Gerardo Beltrán, quienes también volcaron al castellano esta conversación.

—¿Tiene alguna fórmula mágica para escribir?

Sé lo que quiero escribir, pero no siempre me sale. Trabajo constantemente en los poemas. Hay algunos poemas que surgen de forma espontánea... (Es mi secreto: no voy a decir nunca cuáles salen con facilidad y cuáles salen con esfuerzo.) Pero no siempre salen de forma espontánea.

—¿Y cómo es la Szymborska que narra sus poemas?

Creo que cada poema lo escriben dos personas. Hay una persona que es la que siente las cosas, la que las experimenta, la que piensa. Y otra persona, que está detrás de mí y dice: "¿No estarás exagerando?, ¿qué va a entender el lector de lo que estás escribiendo? y, además, ¿para qué le sirve?" Ese yo irónico está siempre, pero si desaparece escribiré muy malos poemas... ¡Y si desaparezco yo, también serán malos! (Risas)

—Utiliza un lenguaje muy especial.

Mi lengua es una lengua viva. Utilizo frases hechas, lengua coloquial, juegos de palabras, que no necesariamente funcionan en otras lenguas... La suerte de los poetas en el exterior depende de los traductores.

—¿Hablamos de los temas de su poesía?

Todos mis poemas nacen del amor. Diría incluso que todos los poemas nacen del amor; incluso aquéllos que transmiten el mal tienen en el fondo una forma de amor hacia el mundo. Estoy totalmente convencida... Y si no es así, lo siento por esos poetas.

—¿Y el odio?

Tengo un poema sobre el odio, que es verdaderamente un sentimiento del siglo XX, el más fuerte, el que encuentra más seguidores. Y eso es algo horrible. Quizá en algún momento fue necesario pero ahora el odio es un sentimiento horrible. Aunque parece más fácil que un loco propague sus ideas con los nuevos medios. Antes, alguien llegaba y se subía a un cajón en una plaza y se ponía a hablar con un megáfono... Todo era más pequeño.

—En sus poemas aparecen muchos animales.

No imagino la poesía sin los seres que nos acompañan en la vida: los animales, las plantas... e incluso las piedras. Mi animal preferido es el mono. Me encantó un libro de Jane Goodall, A través de la ventana: treinta años estudiando a los chimpancés, en el que cuenta su investigación en Tanzania con los primates y con los chimpancés. No los estudió como un grupo, sino como individuos. Estuvo años siguiéndolos de uno en uno, investigando cada animal en concreto y descubrió que uno era individualista, otra era una mala madre, otra era muy cariñosa, otro era muy travieso... Se trataba de una forma de estudiar a los animales desde una perspectiva totalmente diferente. No me imagino otro enfoque distinto al del análisis individual. Todos somos un poco diferentes. El hombre se somete a diversas ideas de grupo y no siempre es bueno.

—También aparecen muchos sueños en sus poemas.

Escribo de la realidad y los sueños son una parte de la realidad.

—Además de escribir poemas, está haciendo collages.

Son un juego. Hoy veo muy clara la diferencia entre la forma de hacer literatura y la forma de hacer arte. La escritura requiere soledad, aislamiento, trabajo y cansancio. He visto pintores trabajando mientras hablaban, riéndose, rodeados de gente, y eso es imposible para un escritor. Necesito tiempo y que nadie me moleste. Mis collages son un juego, para que la gente los disfrute. Son mi forma de descansar. Me canso mucho escribiendo.

—Pero sigue escribiendo sin parar.

Aún estoy viva, para extrañeza de algunos y también para la mía. Y soy escéptica ante la poesía, incluso ante la mía.

—Por eso utiliza tanto el humor.

Mi poesía, como la vida, es una moneda: tiene una parte trágica y una parte cómica.

—Y una parte cósmica.

Recuerdo una anécdota de Filipovich, un fabuloso escritor que supera la prueba del tiempo: cuando el hombre llegó a la Luna, mucha gente en Cracovia estaba asombrada. Filipovich estaba pescando y trataba de ver el acontecimiento con prismáticos. (Risas). Una vez, caminando por los alrededores de Cracovia con Filipovich, nos paramos a identificar estrellas, y cuando nos dimos vuelta, había un enorme grupo de gente a nuestro alrededor; tanta, que al día siguiente la prensa publicó que se había producido el avistamiento de un ovni. Una información que nunca fue desmentida. Espero que eso hiciera feliz a alguien. Escribí un poema en el que decía que no hay que mandar bromistas al Cosmos.

—Le fascina el espacio, pero realmente se ha movido muy poco.

No sé si es por mi signo zodiacal —cáncer—, pero no me gusta viajar. Nací un día después (y muchos años después) que Proust, que escribió doscientas páginas para decir cómo se preparaba para ir a la playa. No me gusta viajar, pero me gusta volver.

—¿Es cierto que estudió español?

Hace mucho tiempo iba a unas clases de español. No me acuerdo de nada, pero la estructura de la lengua todavía la controlo. Leíamos fragmentos de El Quijote. Nos daba clase un profesor que no sé si se esmeraba mucho, porque se preparaba la clase el día anterior, pero tenía unos discos maravillosos con música española: canciones populares estupendas. Soy admiradora del Goya luminoso, el de los retratos, el de los tapices, el de las escenas costumbristas y el de las majas. Y he corregido a Velázquez en uno de mis collages: he sacado a una de las meninas al aire libre.

—Hablaba antes del amor. ¿Le puedo preguntar algo de los suyos?

Le contaré algunas historias de mi infancia. A los doce años me enamoré perdidamente del novio de mi hermana, que no me hacía ningún caso. Un día me vendé la cabeza y él dijo: "¿Qué le ha pasado a eso?" Años más tarde lo volví a ver y me pregunté cómo podía haberme enamorado. No era nada interesante. También había otro chico. Me seguía. Era tan tímido que no me dirigía la palabra. Me escribía cartas. En una de ellas, donde me arreglaba toda la vida —"por ti surcaré los mares, subiré a la cumbre más alta..."—, decía al final: "Estaré mañana bajo tu ventana si no llueve". (Risas)

—Leer también es una forma de acabar con las formas puras.

Leo todo el tiempo. Muchos libros de divulgación científica y de antropología, de zoología. Leo a Brodsky, con el que tenía mucha afinidad. Pero como no quiero olvidarme de nadie sólo voy a decir que leo a Rilke. Con él comenzó mi fascinación por la poesía.

DATOS BIOBIBLIOGRÁFICOS

Nació en Kornik, Polonia, el 2 de julio de 1923. Desde 1931 se radicó en Cracovia y, de 1945 a 1948, estudió literatura polaca y sociología en la universidad Jagielloniana. Es egresada en Letras, no ejerció actividad académica pero sí trabajó durante décadas en revistas literarias, sobre todo dando a conocer a poetas jóvenes.

Publica poesía desde los ‘50. Su poesía es aparentemente sencilla, con una mirada filosófica profunda, que suele incluir un humor algo irónico. No pontifica ni advierte, simplemente mira y ve, y su mirada individual se hace universal.

A partir de 1953 y hasta 1981 trabajó como editora de poesía y columnista en un semanario de Cracovia, al tiempo que publicaba ensayos y artículos, y traducía poemas franceses al polaco. Ha publicado 16 colecciones de poesía, y su obra ha sido traducida a varios idiomas. Entre los reconocimientos que ha merecido se cuentan el premio Goethe (1991), el premio Herder (1995). Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1996.

Libros publicados

  • Porque vivimos, 1952
  • Llamado al Yeti, 1957
  • Sal, 1962
  • Cien alegrías, 1967
  • Por si acaso, 1972
  • Gran número, 1976
  • Hombres sobre el puente, 1986
  • Fin y principio, 1993)
  • Poemas 1957-1993

Premios y distinciones

  • Premio de la ciudad de Cracovia, 1954
  • Premio del Ministro del Arte y Cultura, 1963;
  • Premio de Zygmunt Kaladach, Presidente de la Fundación de Suiza de Koscielski, 1990
  • Premio “Goethe”, en Frankfurt, 1991
  • Premio Johannes Herder de la Universidad de Viena, 1995
  • Premio anual del Pen Club en Polonia
  • Premio Nobel de Literatura, 1996
.

Wislawa Szymborska

Premio Nobel de Literatura 1996
POEMAS


DE UNA EXPEDICIÓN NO REALIZADA A LOS HIMALAYAS
Estos son los Himalayas
Montañas de un correr hacia la luna
momento del arranque eternizado
Sobre el cielo abierto
la llanura de las nubes rota,
de un golpe a la nada.
El eco: un sordomudo blanco
el silencio.
Yeti, abajo hay un miércoles,
un abecedario, un pan
y dos más dos son cuatro
y se derrite la nieve
Hay una manzana roja
partida en cuatro.
No sólo crímenes
podría haber entre nosotros,
Yeti, no todas las palabras
condenan a la muerte
Heredamos la esperanza
y el perdón
Mira cómo damos a luz
niños entre las ruinas.
Yeti, tenemos a Shakespeare
Yeti, tocamos el violín
Yeti, cuando anochece
encendemos la luz.
Aquí ni la tierra, ni la luna
y las lágrimas se congelan
o Yeti, puede ser el conejo de la luna
“Señor de la Luna”
piénsalo y regresa.
Entre las cuatro paredes de avalanchas
Estoy llamando al Yeti,
Zapateando para calentarme
sobre la nieve
eterna.


ALEGRÍA DE ESCRIBIR
¿A dónde va la corza escrita por el bosque escrito?
¿A tomar agua escrita
que refleje su hocico puntualmente?
¿Por qué alza la cabeza? ;escucha algo?
Se apoya en cuatro patas que la verdad le presta.
Mueve bajo mis dedos una oreja.
Silencio, esa palabra, susurra en el papel
como las otras y remueve ramas
por las palabras del bosque cansadas.
En la hoja blanca de papel acechan
letras que pueden componerse mal,
frases que pueden ser un cerco
y no habrá salvación.
En la gota de tinta un regimiento
de cazadores enfocan la mira
listos para correr pluma empinada abajo,
cercar la corza y preparar el tiro.
Olvidan que esto no existe
Otras leyes gobiernan el blanco sobre negro
parpadeará el ojo el tiempo que yo quiera
y podré dividirlo en pequeñas eternidades
llenas de balas quietas en el aire.
Por siempre, si lo ordeno; nada pasará aquí.
Ni una hoja caerá si no lo quiero
ni las pezuñas hollarán la hierba
¿Existe pues un mundo sobre el cual
soy un destino independiente?
¿Ese tiempo al que une la cadena de signos,
existe bajo mis órdenes constantes?
La alegría de escribir.
La posibilidad de eternizar.
La venganza de una mano mortal.

ANA NUÑO / POEMAS


Lesbos

I

No veo nada en Lesbos, dice, sólo
un sendero de chivos que conduce
entre espinos al aljibe,
un pozo seco.

Los prospectos hablan de llanuras fértiles,
trigo, uvas, unas famosas olivas
y algún que otro terremoto,
de vez en cuando.

Pero no hay agua en Lesbos, ríos, fuentes,
lagos como ojos cegados de niño
muerto, piensa el poeta,
decepcionado.

El amor es una elemental flor
de secano, o un olivo y su sombra,
y en ese charco el cadáver
de algún recuerdo.

Bajo la costra reseca del sol,
sin los visos del aguaje romántico,
las rocas hierven de gusto,
cruje el sudor.

Sube de la noche y sus piedras frías
el chirrido de una lluvia de flechas:
tu sangre olvidadiza
batiendo sueños.

II

En mi casa no hay balanzas ni platillos
nada para pesar los suspiros las lágrimas
los sueños que despiertan olvidados

Mi cuerpo acariciado por el tuyo Atis
el viento en la montaña cuando azota los robles
más verde que la hierba
Deja el oficio de tasador de sombras
que los impares busquen igualar en otro cuerpo
la ilusión del otro lado
Apaga mi corazón Atis te quise hace tiempo
pero morirás algún día no miento
quisiera estar muerta

En mi alcoba no hay baúles arcones
no escondo juramentos contratos tinta invisible
para redactar mis prisiones

Cuando me hayas olvidado Eros
de nuevo Eros el sinuoso
te romperá los huesos

III

No hay que dejar que hable el poeta en Lesbos,
donde todo, el pozo sin agua, las olivas
amargas y dulces como la sangre,
el trigo olvidado, reseco en las lomas,
las piedras abrazadas por el polvo,
ha adquirido el no despreciable hábito
del silencio.

[De "Lugares Comunes" (Barcelona, 1994-1996)]

Consejos a un joven poeta

Habla como piensas y escribe poco.
Nunca digas lo que vas a hacer: hazlo.
Escucha a todo el mundo y luego calla.
No te quedes donde naciste: viaja,
viaja y viaja, y descubrirás tu rostro,
el verdadero, que es tuyo y de todos.

Convierte en ajeno lo que es de todos.
Huye de lo pomposo y de lo poco.
No sientas asco, no vuelvas el rostro.
Cuando te llegue la hora de amar, hazlo
como si hoy fuera ayer: el amor viaja
a la velocidad de la luz. Calla

tus deseos y sobre todo calla
si te aplauden o dan la razón todos.
Si es necesario, finge: sólo viaja
quien se acerca al canto aunque sea un poco,
como Ulises. Y si te toca odiar, hazlo
frente al espejo y el familiar rostro.

Estudia celosamente tu rostro,
tus sueños y tus miedos: lo que calla
en ti, eso mismo debe hablar; pero hazlo
de modo que te hable también de todos
los que no tuviste o tendrás, y poco
te importe ese vértigo en el que viajas.

No seas nunca el taimado que viaja
por encargo y regresa sin su rostro.
Domestica el hambre y verás qué poco
importuna, como el perro que acalla
un gesto de su amo. Deja que todos
hagan por hacer; tú, todo deshazlo.

Si te toca tomar partido, hazlo
sin vanidad o afán, como quien viaja
por un país conocido por todos;
pero borra una a una de tu rostro
las arrugas de lo superfluo. Calla,
y en silencio ve haciendo, poco a poco.

No te quejes del poco oficio y hazlo
tú mismo: observa, lee, calla, viaja,
búscate y piérdete en el rostro de todos.

ESCRITORES GUERREROS

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TALLER DE POESÍA IMAGO MUNDI 2007 / LA GUERRERA Y LOS GUERREROS