sábado, 6 de enero de 2007

ANNE LEIBOWITZ / LIFE & PORTRAITS




Annie Leibowitz es una mujer delgada pero gigantesca, que sonríe poco.


El Museo de Brooklyn parece tambalearse bajo sus pasos y bajo la cascada de prensa que la persigue, brillante cola de cometa, mientras ella presume de exposición: 197 fotos ejecutadas de 1990 a 2005, y que colman ya un pesado, hermoso libro, que retoma su leyenda en donde la dejó el primer libro, el que abarcaba el período 1970-1990.


La inmolación de los alegres setenta nos aleja de imágenes míticas que han cimentado la leyenda Leibowitz. No vamos a ver, por ejemplo, a John Lennon desnudo y en posición fetal sobre Yoko Ono, dos horas antes de ser asesinado.Bien que lo lamentará la crítica del 'New York Times', Roberta Smith. "Zapatero a tus zapatos", viene a decirle a la Leibowitz la Smith, notoriamente disgustada porque la fotógrafa de las estrellas parezca incubar de pronto pretensiones de intimismo, profundidad y, peor aún: trascendencia.¿Cómo se atreve a machacarnos con fotos de su familia y de Susan Sontag, su pareja durante 15 años, casualmente los mismos que abarca la exposición? ¿Qué nos importa a nosotros ver a Susan Sontag jugando en la playa con Sarah, la primera hija de Leibowitz, a Susan Sontag muriéndose, o ya muerta y vestida para la muerte por las manos mismas de Leibowitz? ¿Aporta algo saber que Susan Sontag y el padre de Leibowitz fallecieron con seis semanas de diferencia y que, por correr a la cabecera de uno, faltó en el lecho de muerte de la otra? ¿Y qué decir de las enormes fotografías de Jordania, todo vacío, apenas una sombra de Susan Sontag hilando su propia futura ausencia?.


Cuenta Leibowitz que aceptó trabajar en Jordania, porque Sontag quería ir. Que una vez allí no querían fotos de Petra; para que estas fotos pudieran ser, Leibowitz tuvo que fotografiar primero lo que "interesaba", a la reina Noor. Que la reina, en cuanto supo del hondo anhelo de su retratista, logró la bendición de su esposo, el rey Hussein, para que las dos amigas viajaran a la Petra más inaccesible. Fue mágico.Parece que también lo fue el verdadero desnudo preñado de Demi Moore: en blanco y negro surgen sus senos sin rostro y su vientre rodeado por las manos de la madre y del padre, Bruce Willis. Años después, estando Moore embarazada por segunda vez, se planteó el segundo desnudo para la portada de Time, infinitamente menos interesante que el primero.


"No tengo dos vidas, sólo tengo una, y mis fotos más personales forman parte de ella", casi se defiende Annie Leibowitz del infinito acto de amor de este libro, esta celebración estelar de los ausentes.También cuenta que cuando, (nuevamente) bajo el influjo de Sontag, sintió la llamada para ir a Sarajevo, fue recibida con sonrisas de suficiencia por los reporteros gráficos "de guerra". Sólo un francés le dio la bienvenida, emocionado.


A Annie Leibowitz se la conoce por sus fotos de celebridades en 'Vanity Fair', tanto los posados estratégicamente planeados como los retratos cuidadosamente descuidados. No sólo Hollywood, también Washington ha pasado por delante de su cámara. Su hermana Bárbara ha rodado un documental sobre su carrera, 'Life through a lens', que ya ha sido nominado al Emmy.
Ella acostó a Bette Midler en un lecho de rosas rojas, muchos años antes de que Sam Mendes hiciera famosa esa imagen en Belleza americana; sumergió a Whoopi Goldberg en una bañera de leche; mostró al mundo sólo los pies del gran Pelé e hizo probablemente la única foto divertida que existe de Clint Eastwood.

Pero además de su capacidad para descontextualizar a cada sujeto, Leibowitz ha sido famosa en los últimos años por su especial interés en el tema de la mujer. Maestras, soldadas, astronautas, mineras, atletas, artistas, ejecutivas, políticas, madres e hijas, son algunos de los arquetipos que Leibowitz despliega en su trabajo Mujeres, una muestra de más de 50 retratos femeninos que se exhibe actualmente en el Centro Internacional de Fotografía en Nueva York. Algunos críticos aseguran que, por la variedad de estilos de vida que representan estas imágenes, y por el rango de expresiones que capturan, esta exposición será recordada como el testimonio fotográfico definitivo de la mujer norteamericana de finales del siglo XX.

Probablemente no se trata de una exageración por parte de los calificadores. Todo tipo de personalidades de la vida moderna ha pasado por el lente de Leibowitz. Y aunque muchos de los espectadores visitan la exposición para disfrutar de los retratos de la primera dama, Hillary Clinton; la secretaria de Estado, Madeleine Albright; la cantante Courtney Love; la feminista Gloria Steinem; y la escritora y ganadora del Nobel, Toni Morrison; entre otras mujeres -igualmente fascinantes, pero desconocidas-, completan una muestra que representa la feminidad moderna estadounidense y sirve de testamento de los estilos de vida, valores y preocupaciones de toda una era.

ROSTROS FEMENINOS
La lista de aspirantes a modelos de Leibovitz es posiblemente tan larga y selecta como la de una fiesta en la Casa Blanca. Pero mucho más variada.

Para este "testimonio", Leibowitz debió ser extremadamente selectiva. Ella misma dijo una vez que tuvo que escoger las fotografías que verdaderamente le hacían "saltar las lágrimas", sacrificando emblemáticas instantáneas como la de Sigourney Weaver.

Para elegir a las "sujetos-modelos" se hicieron muchas listas. La escritora y activista feminista Susan Sontag -por cierto, ideóloga del proyecto- hizo una propuesta, Leibowitz otra, y algunas ideas emanaron de conversaciones con editores de The New York Times y Vogue, así como de viajes a través de Estados Unidos.

Mujeres es un trabajo en el que Leibowitz se ve cautivada por el secreto de la madurez femenina y por la variedad de contextos. "Mientras más miro el trabajo, más me doy cuenta de que uno de los estereotipos que veo romperse es la idea de que la vejez y las mujeres mayores no son hermosas. No es cierto", declaró la artista al culminar el trabajo. También dijo, alguna vez, que estaba muy preocupada por no llenar las expectativas de los promotores del proyecto.
Quizá por ello, la exhibición es el producto de un enorme esfuerzo de producción y de una agenda apretada que incluía hacer hasta cuatro sesiones distintas en un mismo día, en diferentes lugares de Estados Unidos.

Posiblemente era diversidad lo que buscaba la artista. Para contrastar las showgirls de Las Vegas, Leibovitz visitó una comunidad islámica en las afueras de Detroit para encontrar una mujer musulmana totalmente cubierta. Para conseguir más mujeres en labores manuales buscó mineras. Visitó California para fotografiar granjeras y consideró eventos inusuales como convenciones de tatuajes. El resultado es un tour, sin orden predeterminado, por la gracia de la mujer contemporánea estadounidense.

Muy lejos de la "foto-pose", lo que Leibowitz muestra es, por ejemplo, el rostro firme de Jody Williams, ganadora del Nobel de la Paz por su campaña internacional para acabar con los campos minados; el aspecto satisfecho de tres corresponsales de guerra de CNN; la pintora Agnes Martin, sentada en un dormitorio insípido y vacío; y una leve sonrisa de dos magistradas de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos.

La imagen de Hillary Clinton, retratada una tarde azul en un balcón de la Casa Blanca, con un borrador de discurso entre las manos es, quizá, una de las fotos más impactantes.

Dicen los críticos que la inclusión de la ahora senadora de Estados Unidos es una clara muestra de admiración y simpatía de Leibowitz por Hillary, a quien, por cierto, tuvo que retratar hace dos años en plena crisis del "sexygate", apenas semanas después de prestar sus servicios fotográficos a Mónica Lewinsky, el otro ángulo del triángulo del escándalo político sexual. Y aunque la foto de Hillary la exhiben sola en una pared, enfrente se ostenta imponente la imagen semidesnuda de Susan McNamara, una showgirl de Las Vegas.

"Cada una de estas imágenes debe bastarse a sí misma, pero el ensamblaje de todo exclama: esto es lo que son las mujeres ahora, tan diferentes, variadas, heroicas, abandonadas, convencionales y excepcionales como estos retratos", ha dicho Leibowitz.

El año pasado, cuando la exposición fue inaugurada en Washington, la estampa sencilla -en blanco y negro- de Marilyn Leibowitz -madre de la artista- abría la exhibición, y el perfil pensativo de Susan Sontag la cerraba. Pero las fotografías que se exhiben actualmente en el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York son tomadas de Mujeres, libro publicado por Ramdon House en 1999 y que ha recibido amplia atención del público y aplausos de la crítica. Ahora es el rostro de Osceola McCarthy, una lavandera negra que donó todos sus ahorros a la caridad, el que abre la exposición, justo después del corto pero emotivo prólogo de Susan Sontag que habla acerca de la emancipación de la mujer.

PREOCUPACION IMPRESA
Probablemente uno de los valores que la crítica le reconoce a Leibowitz es su preocupación por los contrastes y el secreto de los sujetos.

McNamara es un buen ejemplo de esta inclinación. Al lado de la foto de la bailarina, posando altiva en topless y desplegando alas doradas, aparece otra instantánea de "ella misma" sin disfraz, donde luce casi como una bibliotecaria.

Leibowitz no había planeado fotografiarlas al natural, sin el oropel del escenario; su propósito era hacer las fotos después de los espectáculos. La idea era que las bailarinas llegaran al estudio vestidas de showgirls, pero llegaron sin los trajes. "Me pareció increíble la contraposición", explicó Leibowitz en una entrevista.

Lo interesante de Leibowitz es que sus imágenes quizá no muestren lo que literalmente está ocurriendo. "La fotografía tiene la intención de mostrar cómo nos vemos y qué hacemos", explica la célebre fotógrafa, que alcanzó la fama con sus trabajos para las revistas Rolling Stone y Vanity Fair.

Esa es, precisamente, la intención de su trabajo fotográfico. Tal como lo escribe Susan Sontag en su ensayo sobre el tema, cualquier representación de gran escala de las mujeres pertenece a la continua historia de cómo son presentadas y cómo se les invita a pensar sobre sí mismas.

A todas luces, ella no quiere fotografiar cómo la gente se ve, sino más bien mostrar lo que hacen. Arte, documento, ilustración y periodismo, las fotografías de Mujeres demuestran la obsesión de Annie Leibowitz por la amplitud de estilos y las aproximaciones fotográficas.
Fotógrafa sin fronteras, hace eternas las imágenes de quien dejan su alma en las fotografía.

1 comentario:

Mini dijo...

La fotografía de Susan Sontag, Petra, Jordan es absolutamente impresionante. Es una composición tan fuerte y original que la considero una obra de arte magnífica.
Herminia Revuelta

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